Ver una obra de J. L. García Jiménez enfrenta a la paradoja que propone la pintura.
¿No es la realidad la que está en juego? ¿No es una fotografía de la realidad? ¿Una instantánea? ¿Es verdaderamente un objeto o más bien nuestra consciencia que se anima? Se podría decir que esta pintura es todo a la vez, toda entera, una consciencia de todas las escuelas de Pintura.
García Jiménez nos muestra su propia interpretación. Un arte que utiliza conceptos, un arte que utiliza símbolos o signos, un arte que utiliza la realidad para evocar la "surrealidad".
Una pintura que muestra su gusto por la materialidad. Pero, como decía Leonardo De Vinci respecto a los enlucidos de las paredes antiguas, se trata aquí de soportes de sueños.
¿Quién dice “la verdad” sobre la pintura de hoy?
¿Por qué se habla más de artistas que de pintores? ¿De arte más que de pintura?
La inmovilidad de las pinturas (su materialismo) es como una conciencia actual, una reforma muda a estas preguntas.
García Jiménez no es nostálgico de la “Verdadera Pintura”, sería un error creerlo. Hay una subversión en su hiperrealismo, una versión crítica. Es un deslizamiento ultra fino, un humor ligero que marca su época de desmanulidad del gesto simple de pintar.
García Jiménez sostiene la realidad material, banal y la transfigura. Muestra la obra de su tiempo, se introduce bajo su piel.
No es un acontecimiento, no es algo ya visto, es aprender a ver.
Bruno de Lard de Regoullière
Arquitecto y profesor de arte. Marsella (Francia)
En cierta ocasión leí unas palabras que dedicaba Jordi Parcerisas al pintor Cristòfol Almirall las cuales me llamaron especialmente la atención, éstas las hago mías y las transcribo tal cual fueron leídas para hablar de este pintor:
"La fauna racional (?) de los pintores es muy diversa. Existen los pintores-filósofos, los pintores-psiquiatras (surrealistas), los pintores-simbolistas, los pintores-conceptuales, etcétera. Y existe una en peligro de extinción: los pintores-pintores."
A este último tipo pertenece J. L. García Jiménez, pintor cuya obra trata de valorar lo cotidiano dando especial sentido a las cosas sencillas que habitualmente nos rodean.
Pablo Cañas
Pintor y fotógrafo
La obra de Juan Luis desprende ante todo coherencia, sobriedad y reflexión. Obra extensa y sin interrupción que ha evolucionado como los grandes vinos de nuestra tierra. Composición premeditada pero a la vez oportunista, como un fotógrafo experimentado y ansioso por conseguir una imagen única y estimulante. Espacios únicos que desarrollan atmósferas diversas: puertas que invitan a entrar, objetos que emanan aromas, paredes que gritan mensajes intemporales. Imágenes que para muchos de nosotros, en ocasiones, pasan inadvertidas.
Su pincelada tranquila y generosa comporta a los objetos infinidad de detalles, que muy lejos de pretender retratarlos, los enaltece y los rescata del olvido.
En la obra de Juan Luis el objeto es tratado bajo una visión casi radiográfica, enseñándonos todo su contenido físico y espiritual. Objetos y escenarios que dispuestos en sus telas nos hablan de lo vivido y lo que queda por vivir. Objetos que mezclados reflexivamente con inteligencia crean interacción y un diálogo con el observador.
El colorido realista de su paleta hace aún más convincente la representación, ubicando cada obra en la atmósfera apropiada. Ningún elemento por pequeño que sea es secundario. Sus obras son un todo que armonizan los elementos allí representados.
Su obra, mezcla de hiperrealismo y alegoría, consigue emociones que van mucho más lejos de lo anecdótico.
Ander Bezares Díaz de Tejada
Artista y amigo.