Laguardia (Álava) / Vitoria-Gasteiz, 1964.
Con más de tres décadas de trayectoria, el arte ha sido el motor de mi vida y mi principal forma de expresión. Mi aprendizaje empezó de manera temprana, movido por la intuición y la curiosidad.
Aunque me considero principalmente autodidacta, mi camino ha estado guiado por una valiosa formación no reglada. En esos primeros años aprendí la esencia del oficio: desde la parte más mecánica y la preparación de los soportes, hasta el control del color, el dibujo y la composición.
Con el tiempo, la observación constante y el estudio de la obra de otros pintores han sido los pilares que han terminado de moldear mi propio estilo y lenguaje visual.
Siempre me han interesado las cosas que cuentan cosas, las que son capaces de transmitir su historia, las que dejan entrever los signos de lo que han vivido.
Mi estilo se caracteriza por una pintura realista con relieve y materia, sobre todo en mi etapa más reciente. Prácticamente, siempre trabajo con óleo, construyendo mis obras capa a capa. Empastes y más empastes, veladuras, creo desde la tela hacia el exterior, permitiendo que cada una de ellas contribuya a la profundidad y a la historia de la futura obra.
En este juego de formas y pigmentos, de repente, por algún lado, comienza a aparecer "algo". Es en ese momento mágico cuando sé que "sí, esto va a ser un cuadro". Es el punto de inflexión donde la abstracción empieza a ceder paso a la materialización de una forma reconocible.
De un tiempo a esta parte —y sin duda como fruto de una evolución lógica—, he encontrado un mayor acomodo representando escenas en las que el objeto es un mero transeúnte, mientras que el fondo asume el papel de auténtico protagonista.